Una persona común, como usted, necesita en promedio solamente 2 dólares diarios para movilizarse en autobús por Medellín. “Solamente” es un adverbio irónico si pensamos que en esta ciudad el 49 % de las personas sobreviven con menos de 2 dólares diarios. Estas personas, catalogadas como pobres, son privilegiadas considerando que el 12 % de las personas de la ciudad viven con mucho menos, es decir, son indigentes. No todo el mundo es pobre en Medellín, a 20 minutos del lugar donde duermen los indigentes, viven personas que reciben 120 dólares diariosen promedio, es decir, 60 veces más de lo que recibe un pobre de la ciudad[1]. ¿Karma o política?

¿Cómo movilizarse por la ciudad si sus ingresos no le permiten pagar el transporte público más barato?, Obviamente, unas veces a pie y otras andando. En una ciudad como Bogotá, un millón de personas en promedio caminan 4 kilómetros diarios por escasez de dinero para el autobús. ¿Cuántas en Medellín? No lo sabemos. A nadie, mucho menos a los gobernantes de turno, le interesa si los pobres de la ciudad están obligados a caminar, volar o nadar, para llegar a su puesto de trabajo cada mañana.

Cada vez más trabajadores en Medellín, con una mochila en la espalada donde llevan el uniforme de su empresa y la cacerola vacía del último almuerzo, se mueven en bicicleta desafiando conductores neuróticos en medio de un tráfico salvaje. En esta ciudad, donde el 50 % de la población es pobre, movilizarse en bicicleta no es un asunto ético o ambiental, es una cuestión de pura supervivencia. Por su costo de adquisición, mantenimiento y operación, la bicicleta es prácticamente el único automóvil accesible a la mayoría de las personas. Este vehículo, usado cada vez más por razones éticas o ambientales en el primer mundo, es una alternativa de autonomía para los pobres del tercer y cuarto mundo.

Teóricamente el 60 % de las personas de Medellín, debido a sus ingresos, están obligados a caminar o moverse en bicicleta por la ciudad. Y entonces ¿Por qué no todos los pobres de la ciudad andan en bicicleta? Podríamos imaginar que los pobres, siendo tan pobres, no tienen para comprar una bicicleta. Pero en Medellín se consiguen bicicletas (robadas, reparadas o viejas) por 5 dólares, lo cual implica que prácticamente todas las personas, incluyendo los pobres, tengan acceso a una.

Entonces, de nuevo, ¿Por qué no todos andan en bicicleta? Simple y llanamente por que no existen las condiciones necesarias para que así lo hagan. No existen suficientes ciclo rutas. Y las que existen, no están conectadas con los barrios pobres o no permiten llegar a los centros de trabajo. Las avenidas principales no cuentan con carriles para las bicicletas. No existen parqueaderos en las fábricas, los edificios públicos, los centros comerciales o los bancos. No hay posibilidades, ni en el metro, ni en el transporte publico, de transportar una bicicleta.

En resumen, en Medellín no existen las condiciones materiales para utilizar la bicicleta como un auto-móvil. Un auto-móvil económico, eficaz y limpio, accesible a la mayoría de los habitantes. Esto al margen de que la mitad de las personas de la ciudad son pobres, y están obligados, desde el punto de vista económico, a usar un vehículo como este.

No decimos que la bicicleta sea un vehicuclo para pobres. Sostenemos que la bicicleta es un vehiculo incluyente, democratico y accesible, tambien para los pobres. Y denunciamos que en Medellin la inversión publica beneficia el uso del automotor, privilegiando a quienes tienen mayores ingresos. Mientras el 50 % de la población necesita aceras, ciclo-rutas, espacios para caminar, la inversión se concentra en puentes y avenidas, para qué la minoría, que puede comprar un carro, no tenga problemas de movilidad. ¿Y los pobres?, que se jodan, que caminen, que se endeuden en el banco y compren una moto, que se defiendan como puedan en sus bicicletas.

Si no me cree, ¡venga! visite usted mismo Medellín. Observe las grandes avenidas que llevan a los barrios de gente rica, mire las facilidades para moverse en carro, note, a eso de las 5:00 p.m., el mar de trabajadores caminando hacia las estaciones de metro, o moviéndose en bicicleta, pregúnteles, si se atreve, porqué no viajan en taxí o en autobús.


[1] Cifras Oficiales de Departamento Nacional de Planeación (DNP)