El consumo de hoja de coca mientras se monta en bicicleta resulta en la mayoría de los casos estimulante. Mientras la Cocaína suprime la mediación entre pensar, hablar y actuar: “speed”. La hoja de coca despeja la mente y ayuda a mantener despierto el organismo. Debido a su alto contenido en calcio y fósforo, mucho más que las legumbres, la hoja de coca activa la transmisión de impulsos nerviosos, mejorando el funcionamiento cerebral. Además, estimula el intercambio de sales en las células, optimizando el desempeño muscular y disminuyendo la fatiga.

Si bien el consumo prolongado de hojas de coca desmejora la apariencia de la dentadura, su bajo precio y su acción eficaz lo constituyen en un grandioso energizante, capaz de remplazar las “bombas de azúcar enlatada” como Red Bull, Gatorade, Powerade y demás tónicos internacionales.

En ciudades como Medellín, Bogotá, Calí, la hoja de coca se puede comprar en plazas de mercado, galerías, tiendas naturistas, cooperativas campesinas. Una pequeña cantidad (la que atrapamos entre el pulgar y el índice), es suficiente para renovar las energías. Se trata de llevar las hojas a la boca, masticarlas un poco, sin tragarlas, elaborando una pasta que se aloja entre el carrillo del cachete y los dientes – igual que una pasta de tabaco -. El zumo liberado por las hojas durante la jornada, actúa discretamente, no hay que esperar ningún tipo de “subida” o “colocon”. Casi sin advertirlo, nos sentimos con el ánimo renovado y llenos de deseos por continuar avanzando.