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RODAR…NO PARAR DE RODAR….EL CICLISTA MULTIPLICA SUS OJOS….SUS PUNTOS DE VISTA BROTASN POR TODAS PARTES…SU OJO ESTA EN CELO….LA PIEL SE LLENA DE MINUSCULOS OJOS..SOMOS SONAMBULOS INSOMNES: VIGILAMBULOS….SOMOS BECKETT, SOMOS LEIBNIZ EN BICICLETA.
MIRA EL VIDEO POR MEDELLIN EN BICICLETA…GRABADO DESDE DISTINTOS ANGULOS DE LA BICI…AMBIENTADO CON MUSICA DE: CHEMICAL BROTHERS, MIRAWAIS, MOJARRA ELECTRICA, GUSTAVO CERATTI…
Tú organismo no es tu cuerpo, tu organismo es lo que examinan y definen los médicos. Tú cuerpo es otra cosa: es la relación de tus órganos con el afuera. La suma de todos los órganos no hace un cuerpo. El cuerpo es el efecto de esa suma más la relación con el exterior. El verdadero cuerpo no es aquel que uno cree, aquel que se despliega ante nuestros ojos. Nuestro cuerpo existe en muchos niveles, es necesario contar con numerosos cuerpos en el organismo. Por eso existen enfermedades que duelen en el cuerpo sin localizarse en ningún órgano preciso. Por eso existen órganos fantasmas, ubicados con precisión en el cuerpo aunque invisibles en el organismo. Por eso los especialistas curan un órgano y desordenan el cuerpo. Por eso la bicicleta hace parte de tú cuerpo pero no es una extensión de tú organismo.
Desde el comienzo sabíamos que el cuerpo no era el organismo, el cuerpo es la relación que mantenemos con las fuerza del afuera, con lo que nos rodea. Un organismo es una relación estructural y determinada de órganos, pero un cuerpo es un campo intensivo de fuerzas. Por eso el hombre hace cuerpo con las maquinas, con otros cuerpos, con animales, bicicletas, computadoras, piedras y moléculas. Hacemos un solo cuerpo con nuestras maquinas, sobre todo con nuestras bicicletas. Este es el principio de toda ergonomía. Las piernas extendidas, los pies sintiendo el pedal, los brazos tensos y simultáneamente elásticos, los ojos abiertos y expectantes, el oído atento, los dedos agiles sobre los comandos, todo el cuerpo en equilibrio precario: se prepara un maquina infernal.

Cuando montamos nuestras bicis el organismo se desordena, hace algo sobre el mismo para llegara ser una maquina con la bicicleta. Hay esfuerzo, un esfuerzo intenso, pero de ningún modo un esfuerzo extraordinario, como si se exigiera al cuerpo una empresa por encima de sus fuerzas. Son precisamente las fuerzas del cuerpo, pero en relación estrecha con la maquina, por medio de las cuales el cuerpo deviene maquina biosintetica.
En efecto, el cuerpo del ciclista sufre operaciones de estiramiento y acoplamiento que lo desorganizan y hacen surgir en él un cuerpo-maquina. Sentimos nuestras piernas como bielas y las rodillas como rodamientos. Y al mismo tiempo, estos rasgos maquínicos transforman las piezas de la bicicleta, que dejan de ser formas mecánicas, para devenir espíritus orgánicos, fuerzas vitales que habitan las partes del maquina. Manubrios que sudan, sillines que se tensan, bicicletas celosas. Los rasgos maquínicos se escapan de nuestro cuerpo como el dispositivo mecánico que alojamos. A su vez, emergen de nuestras maquinas rasgos orgánicos como el espíritu animal que las habita. El hombre se vuele maquina, pero no llega ha serlo, sin que la maquina se vuelva cuerpo, cuerpo humano, espíritu maquínico del hombre como pieza de un universo de cuerpos-maquinados: planeta o mecanosfera.

Las sensaciones producidas por la bicicleta son maestras de deformaciones, desorganizan el organismo y nos colocan de lleno en el cuerpo. La bicicleta nos hace sentir el cuerpo. La bicicleta es un amplificador de sensaciones que necesitamos para deshacer el organismo y sentir nuestro cuerpo. A cada quien su maquina. Existen muchas otras maneras de sentir el cuerpo en la vida: todas ellas necesariamente desordenan el organismo, lo llevan a umbrales distintos para alcanzar la sensación: el alcohol, la droga, el sadomasoquismo. Nosotros encontramos una nueva: la bicicleta como dispositivo para desordenar nuestro organismo y potenciar nuestras sensaciones. La bicicleta nos crea la sensación de cuerpo arrancando el pensamiento de su interioridad y arrojando nuestro organismo al exterior.
Cuando pedaleamos, la bicicleta conecta nuestro sistema nervioso con el exterior. Cada sensación de nuestro cuerpo tiene una cara vuela hacia el organismo: ojos, piel, oído…y otra cara vuelta hacia el exterior: la tarde, el viento, la luz matinal. El Yo ciclista no experimenta la sensación del cuerpo sino siendo parte de la tarde en ella, disolviéndose en ella, accediendo a la unidad de lo que siente y lo sentido. Entonces la piel deviene tarde, deviene luz, algo ocurre por la sensación en el organismo, en los mejores momentos, no sentimos la luz en la piel, es la misma y única cosa “la tarde” y mi piel sintiendo la tarde.

La sensación de la tarde, del viento, es una onda, una vibración, una fuerza que surca el organismo y hace sentir el cuerpo. Un cuerpo desorganizado, completamente vivo, y sin embargo no orgánico. Un cuerpo que se opone menos a los órganos que esa estructura que llamamos organismo. Un cuerpo verdaderamente intenso, intensivo, recorrido por una onda que traza en el cuerpo niveles y umbrales.
Una sensación de luz recorre el cuerpo desorganizado. Al chocar con un órgano en tal nivel, la luz hace aparecer una sensación visible, audible. Por eso los órganos son provisionales, no duran más de lo que dura el pasaje de la onda y la acción de su vibración. En la bicicleta los órganos no mantienen posiciones ni funciones constantes…brotan oídos por todas partes, surgen ojos en la piel que ven la humedad del aire, el organismo entero sufre variaciones alotrópicas que se suceden en fracciones de segundo. Se sienten órganos transitorios y parciales en el cuerpo por debajo de la organización de los órganos fijos. Ya no es mi ojo el que ve, me veo desde un ojo que esta en otra parte. Autoscopia.
Al ciclista no le faltan órganos, lo que le falta es la organización racional de sus sensaciones, un organismo. He aquí lo que hay que entender: una onda de sensación recorre el organismo y en tal nivel, determina, excita, produce un órgano, según la fuerza de su intensidad. Y este órgano cambia, desaparece, se modifica, si la intensidad de la sensación cambia. Entonces el cuerpo de un ciclista no se define por la usencia de órganos, se define solamente por la existencia de órganos indeterminados y provisionales, por la presencia, la aparición, el poblamiento, el crecimiento, el brote y la desaparición de órganos temporales dependiendo de las sensaciones que lo afectan. Lo que es un oído en tal nivel, se vuele un ojo en tal otro cuando la sensación cambia de nivel. Se sienten brotar ojos en la espalda, bocas en los ojos, células fotosintéticas por todo el cuerpo.
Veamos un ejemplo. El ojo del ciclista como órgano polivalente, el ojo del ciclista como un órgano en celo, nuestra visión insaciable se desliza sobre una pantalla sin contornos ni formas fijas que es difícil de seguir. La visión del ciclista esta definida por el pedazo de paisaje que se despliega frente al, el fin de todas las cosas parece desembocar al extremo de una calle cualquiera. La plenitud del panorama, la impenetrabilidad del horizonte, la gestualidad del paisaje se impone al ojo del ciclista como una fuerza que lo arrastra y que no le da descanso.

Pareciera entonces que el ojo es un órgano fijo para el ciclista. Ineludible. La mano esta reducida la dedo y la muñeca, y no interviene sino para escoger las direcciones correspondientes a un panorama puramente óptico. Ojo déspota. Pero resulta que el espacio óptico presenta impresionantes sensaciones táctiles: profundidad, modelado, contorno, superficie. Entonces la subordinación de la mano al ojo abre paso para una función meramente manual del ojo, una función de tacto, la visión descubre una sensación táctil que le es propia. Se recorre el paisaje con los ojos como cuando se desliza la mano por una superficie, diríamos entonces que el ciclista recorre el espacio con los ojos, pero solamente en tanto que lo palpa con ellos. Los ojos devienen dedos y la retina piel.
“TE AMO” es el graffiti más popular en honor a la bicicleta en Medellín. En la cicloruta este verdadero en BICIado expresa su amor al único auto-movil libre y democratico. El colectivo en BICIate invita a todos los amantes de la BICI a rayar la ciudad. Movilizemos el deseo de los demas.

Si la telvisión y la radio son de las multinacionales y portavoz del gobierno.
!!!!!!!Las Calles y Las Paredes de la Ciudad Son TUYAS!!!!!!!!!!

enBICIate promueve una era post-mediatica. Graffiti, Stencil, Arte Callejero….la Imaginacion esta de nuestro lado.

TU TAMBIEN PUEDES HACERLO……PRESION SOCIAL ES LA RESPUESTA

Desde Berkeley (california), Carlos Andrés, un enBICIado nos escribe para proponer una idea que no podemos dejar pasar de largo.
Se trata de Intervenir las señales de transito, en aquellas que dice: “Pare”, añadir con aerosol “de manejar” ..El resultado es “Pare de Manejar”.
La idea es Buenisima……ahora ACTUA……..NO DUDES EN REALIZAR LA ACCION EN NOMBRE DE enBICIate…..y envíanos una foto si lo logras….enBICIAte

Mancha la ciudad!, Te mostramos como hacer tu propio Stencil!, !Moviliza el deseo de los Demas!
Es muy facil…hasta nosotros pudimos
1. Buscá la imagen que desees y abríla con un editor de imagenes (Photo-Paint o Photo-Shop).
2. Desaturá la imagen

3. Ajustá el Brillo para simplificar la imagen y resaltar los detalles.


4. Convertí la imagen a Blanco/negro lineal


5. Eliminá los detalles innecesarios con el borrador. ! Corregi la imagen para que no queden espacios aislados (islas blancas desconectadas)

6. Ahora imprime la imagen

7. Calca la imagen en un acetato (o radiografia) con un marcador

8. Recorta las partes negras de la imagen en el acetato con un bisturi.

9. Con el acetato recortado y un aerosol

!MANCHA LA CIUDAD!
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Elegi una imagen y comenza a manchar

