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Tú organismo no es tu cuerpo, tu organismo es lo que examinan y definen los médicos. Tú cuerpo es otra cosa: es la relación de tus órganos con el afuera. La suma de todos los órganos no hace un cuerpo. El cuerpo es el efecto de esa suma más la relación con el exterior. El verdadero cuerpo no es aquel que uno cree, aquel que se despliega ante nuestros ojos. Nuestro cuerpo existe en muchos niveles, es necesario contar con numerosos cuerpos en el organismo. Por eso existen enfermedades que duelen en el cuerpo sin localizarse en ningún órgano preciso. Por eso existen órganos fantasmas, ubicados con precisión en el cuerpo aunque invisibles en el organismo. Por eso los especialistas curan un órgano y desordenan el cuerpo. Por eso la bicicleta hace parte de tú cuerpo pero no es una extensión de tú organismo.

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Desde el comienzo sabíamos que el cuerpo no era el organismo, el cuerpo es la relación que mantenemos con las fuerza del afuera, con lo que nos rodea. Un organismo es una relación estructural y determinada de órganos, pero un cuerpo es un campo intensivo de fuerzas. Por eso el hombre hace cuerpo con las maquinas, con otros cuerpos, con animales, bicicletas, computadoras, piedras y moléculas. Hacemos un solo cuerpo con nuestras maquinas, sobre todo con nuestras bicicletas. Este es el principio de toda ergonomía. Las piernas extendidas, los pies sintiendo el pedal, los brazos tensos y simultáneamente elásticos, los ojos abiertos y expectantes, el oído atento, los dedos agiles sobre los comandos, todo el cuerpo en equilibrio precario: se prepara un maquina infernal.

Cuando montamos nuestras bicis el organismo se desordena, hace algo sobre el mismo para llegara ser una maquina con la bicicleta. Hay esfuerzo, un esfuerzo intenso, pero de ningún modo un esfuerzo extraordinario, como si se exigiera al cuerpo una empresa por encima de sus fuerzas. Son precisamente las fuerzas del cuerpo, pero en relación estrecha con la maquina, por medio de las cuales el cuerpo deviene maquina biosintetica.

En efecto, el cuerpo del ciclista sufre operaciones de estiramiento y acoplamiento que lo desorganizan y hacen surgir en él un cuerpo-maquina. Sentimos nuestras piernas como bielas y las rodillas como rodamientos. Y al mismo tiempo, estos rasgos maquínicos transforman las piezas de la bicicleta, que dejan de ser formas mecánicas, para devenir espíritus orgánicos, fuerzas vitales que habitan las partes del maquina. Manubrios que sudan, sillines que se tensan, bicicletas celosas. Los rasgos maquínicos se escapan de nuestro cuerpo como el dispositivo mecánico que alojamos. A su vez, emergen de nuestras maquinas rasgos orgánicos como el espíritu animal que las habita. El hombre se vuele maquina, pero no llega ha serlo, sin que la maquina se vuelva cuerpo, cuerpo humano, espíritu maquínico del hombre como pieza de un universo de cuerpos-maquinados: planeta o mecanosfera.

Las sensaciones producidas por la bicicleta son maestras de deformaciones, desorganizan el organismo y nos colocan de lleno en el cuerpo. La bicicleta nos hace sentir el cuerpo. La bicicleta es un amplificador de sensaciones que necesitamos para deshacer el organismo y sentir nuestro cuerpo. A cada quien su maquina. Existen muchas otras maneras de sentir el cuerpo en la vida: todas ellas necesariamente desordenan el organismo, lo llevan a umbrales distintos para alcanzar la sensación: el alcohol, la droga, el sadomasoquismo. Nosotros encontramos una nueva: la bicicleta como dispositivo para desordenar nuestro organismo y potenciar nuestras sensaciones. La bicicleta nos crea la sensación de cuerpo arrancando el pensamiento de su interioridad y arrojando nuestro organismo al exterior.

Cuando pedaleamos, la bicicleta conecta nuestro sistema nervioso con el exterior. Cada sensación de nuestro cuerpo tiene una cara vuela hacia el organismo: ojos, piel, oído…y otra cara vuelta hacia el exterior: la tarde, el viento, la luz matinal. El Yo ciclista no experimenta la sensación del cuerpo sino siendo parte de la tarde en ella, disolviéndose en ella, accediendo a la unidad de lo que siente y lo sentido. Entonces la piel deviene tarde, deviene luz, algo ocurre por la sensación en el organismo, en los mejores momentos, no sentimos la luz en la piel, es la misma y única cosa “la tarde” y mi piel sintiendo la tarde.

La sensación de la tarde, del viento, es una onda, una vibración, una fuerza que surca el organismo y hace sentir el cuerpo. Un cuerpo desorganizado, completamente vivo, y sin embargo no orgánico. Un cuerpo que se opone menos a los órganos que esa estructura que llamamos organismo. Un cuerpo verdaderamente intenso, intensivo, recorrido por una onda que traza en el cuerpo niveles y umbrales.

Una sensación de luz recorre el cuerpo desorganizado. Al chocar con un órgano en tal nivel, la luz hace aparecer una sensación visible, audible. Por eso los órganos son provisionales, no duran más de lo que dura el pasaje de la onda y la acción de su vibración. En la bicicleta los órganos no mantienen posiciones ni funciones constantes…brotan oídos por todas partes, surgen ojos en la piel que ven la humedad del aire, el organismo entero sufre variaciones alotrópicas que se suceden en fracciones de segundo. Se sienten órganos transitorios y parciales en el cuerpo por debajo de la organización de los órganos fijos. Ya no es mi ojo el que ve, me veo desde un ojo que esta en otra parte. Autoscopia.

Al ciclista no le faltan órganos, lo que le falta es la organización racional de sus sensaciones, un organismo. He aquí lo que hay que entender: una onda de sensación recorre el organismo y en tal nivel, determina, excita, produce un órgano, según la fuerza de su intensidad. Y este órgano cambia, desaparece, se modifica, si la intensidad de la sensación cambia. Entonces el cuerpo de un ciclista no se define por la usencia de órganos, se define solamente por la existencia de órganos indeterminados y provisionales, por la presencia, la aparición, el poblamiento, el crecimiento, el brote y la desaparición de órganos temporales dependiendo de las sensaciones que lo afectan. Lo que es un oído en tal nivel, se vuele un ojo en tal otro cuando la sensación cambia de nivel. Se sienten brotar ojos en la espalda, bocas en los ojos, células fotosintéticas por todo el cuerpo.

Veamos un ejemplo. El ojo del ciclista como órgano polivalente, el ojo del ciclista como un órgano en celo, nuestra visión insaciable se desliza sobre una pantalla sin contornos ni formas fijas que es difícil de seguir. La visión del ciclista esta definida por el pedazo de paisaje que se despliega frente al, el fin de todas las cosas parece desembocar al extremo de una calle cualquiera. La plenitud del panorama, la impenetrabilidad del horizonte, la gestualidad del paisaje se impone al ojo del ciclista como una fuerza que lo arrastra y que no le da descanso.

Pareciera entonces que el ojo es un órgano fijo para el ciclista. Ineludible. La mano esta reducida la dedo y la muñeca, y no interviene sino para escoger las direcciones correspondientes a un panorama puramente óptico. Ojo déspota. Pero resulta que el espacio óptico presenta impresionantes sensaciones táctiles: profundidad, modelado, contorno, superficie. Entonces la subordinación de la mano al ojo abre paso para una función meramente manual del ojo, una función de tacto, la visión descubre una sensación táctil que le es propia. Se recorre el paisaje con los ojos como cuando se desliza la mano por una superficie, diríamos entonces que el ciclista recorre el espacio con los ojos, pero solamente en tanto que lo palpa con ellos. Los ojos devienen dedos y la retina piel.

Desde Berkeley (California), nos preguntan: ¿De que se trata el programa Ciencia en Bicicleta del Parque Explora en Medellín?, ¿Por qué se llama Ciencia en Bicicleta?, ¿el publico asiste en bicicleta?, ¿llegan los conferencistas en bicicleta?, ¿Este famoso parque promueve el uso dela bicicleta?...

Sí, existe un programa en Medellín con este nombre: ciencia en Bicicleta. Se trata de “encuentros sabatinos con temas de ciencia y tecnología”, su objetivo es “Ofrecer oportunidades de acercamiento a la ciencia fomentando la apropiación social del conocimiento”.


Todo esto suena interesante, nos parece loable cualquier intento por hacer de la ciencia una experiencia menos aburrida y pastosa. Lo que no entendemos es PORQUE ESTE PROGRAMA SE LLAMA CIENCIA EN BICICLETA, si nadie: ni los conferencistas, ni el público, ni los organizadores, ni las directivas del parque, van en bicicleta. No haya nada, ni nadie, que justifique este nombre. Nadie sabe de donde salió, ni porque. Seria mejor nombrar este interesante programa por su verdadero nombre: CIENCIA EN CARRO.

Usted no encontrará nunca un parqueadero para bicicletas en el Dysneyland Paisa. El Parque Explora le ofrece unos vigilantes atentos y medio fascistas dispuestos a confiscarle su bicicleta si la deja en esas instalaciones. Se trata de otro Parque donde la mitad del edificio es ocupado por un sótano para que duerma tranquilo el dios-rey-padre: el carro, símbolo social de éxito en el tercer mundo.

Este Futuroscope a la Colombiana, se exhibe con muy poca modestia, como el espacio más lúdico, más innovador y más vanguardista de la ciudad. Su propaganda consiste en venderse al público como el epicentro de una revolución cultural en Medellín. Sin embargo, su funcionamiento, como sus funcionarios, repiten los vicios más viejos de los entes burocráticos y estatales. No hay parqueaderos, ni accesos, ni programas que promuevan el uso de la bicicleta en el público o los trabajadores del parque

Ni el director del parque, ni las secretarias, ni los jefes operativos, ni el público, ni nadie en este lugar usa la bicicleta. Tal vez porque este Parque se encuentra completamente aislado de las Ciclo-rutas. En sus inmediaciones se encuentra una flamante ciclo-ruta que no lleva a ninguna parte. Es otra de esas Ciclo-rutas que se acaban en medio de la nada y con nada conectan. Hechas para lucimiento del alcalde de turno. Para mostrar la publico general que existe compromiso y se invierte en movilidad alternativa. Ciclo-rutas inservibles. Ciclo-rutas circulares y sin salida. Monumentos al desperdicio. ¿A que clase de idiota le puede interesar seguir una ciclo-ruta que lo lleva la mismo punto de donde salió? Y hay más, sin señalización y con resaltos enormes, como si estuvieran hechas para practicar ciclo-montañismo de obstáculos, diseñadas para que las bicicletas no puedan transitar.

Con parques Vanguardistas como el parque Explora, preferimos seguir en el atraso.

La palabra PÚBLICO tiene muchas definiciones. Público no solo es aquello que pertence a todos, tambien es el conjunto de personas que concurre a un lugar determinado para asistir a una misma actividad de entretenimiento. Que es entonces el espacio PÚBLICO?

Sujeto y lugar, escena y testigo de los hechos que ocurren en el tiempo, el espacio-publico En Medellín es cada vez mas espectador y menos publico. En esta ciudad el espacio publico se encuentra anulado, borrado, eliminado por un modelo de vida, a la Americana, donde el desplazamiento es un momento del día completamente inerte.Medellín cada vez es más parecida a Miami y viceversa. Grandes avenidas por donde circulan uno detras de otro miles de sujetos aislados en una cabina. Se trata de ganar tiempo, pero sacrificando el espacio. Aisaldos en una cabina de auto, somos el publico pasivo de un espacio publico inexistente.

Cuando una persona se “desplaza” de un recinto-casa, en un recinto-auto, hacia un recinto-oficina estamos hablando de cero desplazamiento, inmovilidad, es la percepcion autentica de un movimiento falso. Bastaría con decorar un poco el auto (una pantalla de tele, algunas flores o el computador) y se obtendría una impresión de teletransportacion. Aunque con una gran diferencia, en lugar de viajar a otro lugar en poco tiempo, en el recinto-auto volvemos al mismo punto y usamos menos el espacio. Aunque el tiempo transcurra, en un dia el espacio no cambia o cambia muy poco, el circuito casa-auto-oficina-auto-casa no lleva a ninguna parte.

Es como quedarse estatico mientras se viaja. El trayecto se anula, es decir, el espacio [público] que une los puntos del viaje no existe. Pero, ¿no se ha dicho que el medio es tan importante, o incluso mas importante, que el fin mismo? ¿de que se trata, de llegar o de viajar?, ¿es la vida el trayecto entre dos puntos, de la casa a la oficina y de la oficina a la casa?.

Tal vez este modo de viajar, inmoviles, aislados del medio, girando sobre un mismo espacio, tenga alguna relación con el vacio interior y la sensación de soledad asociada al estilo de vida Americano. El “SUEÑO AMERICANO”, decia un amigo mio, es “el sueño que te agarra en la cabina del auto despues de trabajar 12 horas para pagarlo”. Aislados del medio, en una “burbuja”, los organismos mueren de soledad y asfixia. El medio transfroma, desplazarse no solo es ir de un lugar a otro, es apredender algo en el camino, impregnarse del medio que te rodea, interactuar con tus compañeros de viaje, llegar a tú destino siendo otro.

Volviendo a Medellín, podríamos decir que una de las razones para la pasividad creciente del publico en el espacio es la falta de adecuación del espacio al público. Si no existen medios para un transporte activo, solo queda ser un sujeto pasivo: el publico inmovil de un espacio inerte.

Sin embargo, basta caminar un poco por las calles de Medellín para darse cuenta que el público resiste y crea espacios, no espera que esten adaptados a sus necesidades, que no son las mismas de aquellos politicos que deciden sobre el espacio público. En Medellín el publico se resiste a las politicas del espacio público caminando por la ciudad en las noches, bajo la lluvia. Se resiste chupandose un cono en el centro, tomandose una cerveza en la calle, fumandose un porrito en esos lugares que algunas personas nunca han visitado (el parque Bolivar, el pasaje de la bastilla). Se resiste y se crea espacio publico rayando los muros, como si decoraras tu cuarto. Se resiste y crea espacio publico hablando con los vendedores ambulantes, comprando en los “agáchese”. Se resiste montando en bici por las ciclorutas pero también por las aceras y las calles cuando las vías para la bici terminan de forma abrupta.

Porque el espacio publico existe solo si es creado por un pùblico activo en el espacio. En lugar de ser el publico espectador del espacio es necesario ser el actor del espacio publico. Porque los espacios sin alma, aquellos creados por los politicos, sin publico, sin convicción, terminan por no existir o ser olvidados.

!Actua sobre el espacio, no pierdas el tiempo!

Movilizate

Viaja activamente

enBICIate

Por: Álvaro Lopera . Tomado de: http://www.desdeabajo.info/

Un día como cualquiera me levanto decidido a recorrer todos los sitios que me corresponde visitar como buen ciudadano y educador que soy. Pero esta vez, como muchas otras, la decisión va acompañada de una visión ecológica, respetuosa del medio social y del medio ambiente: la bicicleta será mi vehículo, mi gorra hará las veces de protector antisolar y las gafas oscuras de parabrisas para estos días de verano. A lo anterior le agrego un buen trago de aguapanela caliente para medio endulzar esta escualidez económica y esta sabiduría matinal.

Con toda esta cargazón de razones, salgo a la selva de cemento. Mi bici es un modelo no muy viejo pero sólo le falta el timbre aquel para que se parezca a la bici del celador de la cuadra. Su pintura da para que en la universidad donde trabajo la llamen “la dálmata”. Es gruesa de cuerpo y muy resistente para cualquier trocha o camino destapado. En fin, lo que uno quiere le parece hermoso, y a mí, este caballito de acero me parece del otro mundo.

El primer recibimiento matinal me lo brinda la vecina del primer piso: ella, tan lironda con su carro, con su botadero de gases de invernadero ambulante, me observa de arriba abajo. Con mi mirada angular percibo un dejo de tristeza y desprecio en sus ojos de niña buena. La pena ajena se siente en los rostros de la antioqueñidad cuando cualquier vecino con conciencia ecológica o simplemente un hombre pobre, le da por montarse en su caballito de acero. Estas pobres gentes, que ven en el carro la muestra más rancia de estatus social, no saben que en todo el mundo, con la consigna de la lucha por un ambiente sano, la bicicleta es un estandarte de primera mano.

Después de estos pensamientos parto a la Universidad de Antioquia (Udea). Busco el camino más expedito para llegar a la ciclovía y me voy por esa vía verde que ordenó construir el alcalde Luis Pérez (Lupe) a un precio exorbitante pero que para algo sirve, sólo que aparte de haber sido un robo a ojos vistas es muy corto su trayecto, pues sólo me lleva hasta las puertas de la Universidad Nacional y allí me entrega a las garras del podrido tráfico de Medellín. Espero que el semáforo de la Iguaná me permita circular sin mucho temor e inicio el último e inseguro tramo. Los carros me dan alcance con facilidad, pero antes de que lo hagan han pasado raudas varias motos de esos pobres hombres (ahí sí, pobres hombres) enviados por esos jefecitos que saben que estos señores son más que mensajeros: son supermanes de la moto, de la velocidad. Las muertes de los motociclistas deberían cobrarlas a esos mandamases capitalistas y a sus eficientes secretarias que impulsan la muerte en dos ruedas. La velocidad y el cumplimiento de su labor los pone a ellos, y a quienes se les arriman, en un peligro permanente. Como lo se, siempre me pongo en alerta roja cuando veo ese racimo de motociclistas acelerando para despegar en ese rally de todos los semáforos, y me hago a un lado para después recibir la cargazón de buses y particulares con los brazos abiertos y la cabeza perturbada.

Continúo pues pensando un poco en las premonitorias palabras de mi madre, quien con su alto sentido de solidaridad y entendiendo muchas cosas de manera elemental, me incita a que no monte en bicicleta por los peligros que acarrea.

Me encuentro, como les decía, en las afueras de la Nacional, y sólo me resta un kilómetro para llegar a la Udea. Ya las motos han pasado, los carros pequeños también, sólo queda esperar, y digo esperar, porque mi velocidad no va más allá de veinte kilómetros por hora, que los buses dieselizados me reciban con sus bocanadas de negro aire, con descargas de ese coloidal luto para mis pulmones, porque, y es cierto lo que dice un amigo mío: “tú no fumas, pero ten claro que cuando le das una vuelta a Medellín, te has aspirado el humo de dos cajetillas de cigarrillos bien prendidos”. No importa, la Universidad la alcanzo a ver con mis ojos empañados de mugre y con mi cuerpo que no se detiene en esas pequeñas cosas que la mente repasa sin parar. No faltó el insulto antes de alcanzar el Alma Mater, el “gonorrea” que no falta del taxista y del busero porque uno, en su lucha por no ceder un centímetro de su dignidad, no se hace a un lado al sentir ese freno de aire que “shi, shiiii, shiiiii…..” por más de diez interminables segundos, lo sientes como un tábano pegado del trasero. Miro para atrás, ahora que un patán me amenaza con sus grandes ruedas –ahora que voy por la vía de los automóviles–, porque para las bicicletas no hay de eso, no hay vías ni microvías, pues Fajardo, el otrora definido alcalde progresista, dice que no hay presupuesto en vista de que los de la estratosfera montan bien en sus carros último modelo.

Terminé este corto trayecto un tanto azarado, y, lo reconozco, un poco asustado, pues en la parte final del recorrido al querer repetir eso de la dignidad y exactamente en el puente sobre el río Medellín, vi esas ruedas grandes a dos centímetros de mi pedal. En fin, ya pasó, llegué al Alma Mater de la Raza.

—Buenos días señor —saludé al vigilante, con los mismos modales que aprendí cuando alguna vez fui niño.
—Oiga, por aquí no es la entrada. Vaya a la puerta grande por la Avenida del Ferrocarril —me dijo sin responder el saludo.
—¿Me vas a hacer dar la vuelta hombre?, déjame entrar por aquí —le dije en un tono no muy amigable, pues esa carga emocional que traía conmigo no me permitió traer a colación mi verdadera cultura.
—Esas son normas de la administración—me repitió, y me dio la espalda como si yo hubiera desaparecido de la escena.

Maldije mil veces, pero después me calmé y decidí dar esa bendita vuelta antes de devolverme para la casa. Hice lo que tenía que hacer y observé detenidamente cómo la universidad estaba cada vez más militarizada, con más vigilancia privada y más policías en las afueras. ¿Es un plan para cuidarla de sus enemigos, o será, que la están convirtiendo lenta y paulatinamente en una cárcel?

Unas horas después, cuando procedía a enrutar el dálmata para mi casa, recordé que tenía una cita en el antiguo edificio del Ferrocarril, nada más y nada menos que en Carabobo con San Juan. Mi agobio fue mayor. Era insoslayable ese viaje al centro de la ciudad que mas bien parece un viaje al centro de la tierra. Me encomendé a todos los santos que conocía, le pedí fuerzas al más reforzado de todos, a San Judas, y puse la proa en dirección sur. Para mis adentros me dije: “yo soy guapo, no creo eso que dicen de la mortandad de ciclistas, que mueren dizque hasta con el casco puesto; ah, eso es carreta”. Claro, si no hacía un pequeño ejercicio espiritual antes del viaje a ese maremágnum de carros, humos, olores, motos, hombres y furias humanas que buscan salir avante, cada uno a su manera, no iba a ser capaz; miré el horizonte y me despedí de la universidad como si fuera a pasar a mejor vida.

No pasó nada, para fortuna mía, salvo dos o tres cosillas sin importancia, como por ejemplo que me tuve que bajar del caballito cuando a los señores buseros se les ocurrió hacer un taco de la madonna en Bolívar con la Avenida Primero de Mayo. Después bajé por la Avenida de Greiff y alcancé Cúcuta, llegando hasta San Juan para después cruzar ese atorrante de glorieta ubicada en San Juan con la Avenida del Ferrocarril, en donde no muere más gente de la que perece porque no hay más para aplastar, en donde el humo impide ver de cerca a los carros que se aproximan con el cometido de llevarte por delante, en donde el diseño de las vías se ve enfrentado a la inteligencia tuya pues uno no alcanza a comprender cómo fue posible que una firma de ingeniería paisa, hija de esa antioqueñidad, haya diseñado esta entrada de carros sin siquiera haberse sonrojado.

Al fin llegué. Sobreviví, alcancé mi cometido. Adentro de ese lindo edificio, me esperaba un abogado amigo para entregarme unos papeles que debía firmar tan pronto como fuera posible. Me bajé de la cicla, me sequé ese sudor pegajoso, y me encaminé al interior de la edificación. Estaba ad portas de amarrar la bici a un poste para que los cacos no hicieran de las suyas, cuando apareció de la nada un vigilante privado y con tono amenazante me señaló con su dedo la salida, pues, de acuerdo a sus palabras, no se permitían esos aparatos dentro de ese edificio porque cualquiera de ellos podría ser una bicicleta-bomba y bueno, que patatín-patatán y que me fuera. Ese agobiante calor, esa ira que traía imbricada en mi espíritu, ese puño atrancado que mantuve en alto por espacio de dos horas, me impedía entender a ese guachimán que me señalaba la puerta con un desusado furor.

En medio de eso que los humanos llamamos ofuscación, pregunté no en muy buenos términos:
—¿En dónde putas dice que las bicicletas no pueden ser llevadas a esta cafetería?
—Se me sale y punto. No tengo por qué mostrarle ningún reglamento —me respondió como buen cancerbero.
—Pues no me voy a salir si no veo la tal norma que usted dice que existe —mi ímpetu lanzó esa carga de profundidad.

A todas estas aparecieron dos personajes, uno el abogado, quien con los ojos brotados y un tanto nervioso me dijo que nos fuéramos y el otro resulto ser el tal “administrador” de la susodicha cafetería, el cual, mis amigos, para su conocimiento, es un lugar público.

A mi amigo el abogado lo calmé diciéndole que como este era un país de leyes, pues que me mostraran el tal reglamento para validar la orden del guachimán. Mi amigo Guillermo, colorado como un pisco, me insistió de muy buenas maneras que saliéramos antes de que yo provocara un asalto de la fuerza pública y todo fuera peor. El tal administrador, un hombre delgado, de tez morena, en buenos términos, como el torturador bueno, me dijo que me fuera y que comprendiera que las Farc estaban poniendo bombas por todas partes y que eso de las bicicletas, en verdad, sí estaba prohibido.

Salí no sin antes dejar sentada una frase altisonante en el seno de esa apacible cafetería. Nos fuimos pues para un espacio colateral a la cafetería y allí me senté en una silla con mi amigo. De nuevo apareció un policía, armado hasta los dientes, joven y un tanto paciente. A esa hora, el calor ya había cedido, el sudor ya lo había secado y la sed, si bien seguía vigente, ya era cosa manejable, ante las noticias que me tenía deparadas este jurista. El muchacho vestido de verde, con dos granadas a los lados y un revólver, a más de un radio de alta frecuencia, nos invitó, con mucha educación, a que abandonáramos el edificio, y nos aclaró que él entendía mi incomodidad, pero que era mejor que saliéramos porque nos podían mandar un Esmad (de esos nacidos para matar) y la cosa sería peor.

Mi amigo Guillermo entendió las razones, yo le dije que ni las entendía ni las aceptaba, así existieran. Me llamó al orden mi amigo y me consoló diciéndome que Bogotá era peor. Vaya consuelo. Cabizbajo, y con mucha furia ahí sí arranqué para mi casa, pero ya no era el mismo, pues me dije para mis adentros que esto no podía quedarse así, que de una u otra manera esos cientos de ciclistas deberíamos unirnos para exigirle a este gobiernito municipal un derrotero para llevar a efecto un plan por la vida de los ciclistas, por la vida de esas personas que algo hacen por su ciudad al no agregar más basura y más desorden al que el consumismo capitalista hace sin compasión.

Cuando al día siguiente, y como lo hago todos los días, iba para mi universidad a dictar clase y al sentir un golpe lateral dado por un carro de uno de esos patanes que pasan a mil, me repetí: “eso de las ciclovías es importante y es una bandera para cualquier movimiento social pero definitivamente, la patanería, producto de esa conciencia universal del poder y de la tenencia de riquezas, se terminará sólo cuando todo en esta sociedad haya sido deconstruido”.

“TE AMO” es el graffiti más popular en honor a la bicicleta en Medellín. En la cicloruta este verdadero en BICIado expresa su amor al único auto-movil libre y democratico. El colectivo en BICIate invita a todos los amantes de la BICI a rayar la ciudad. Movilizemos el deseo de los demas.

Si la telvisión y la radio son de las multinacionales y portavoz del gobierno.

!!!!!!!Las Calles y Las Paredes de la Ciudad Son TUYAS!!!!!!!!!!

enBICIate promueve una era post-mediatica. Graffiti, Stencil, Arte Callejero….la Imaginacion esta de nuestro lado.

TU TAMBIEN PUEDES HACERLO……PRESION SOCIAL ES LA RESPUESTA

Desde Berkeley (california), Carlos Andrés, un enBICIado nos escribe para proponer una idea que no podemos dejar pasar de largo.

Se trata de Intervenir las señales de transito, en aquellas que dice: “Pare”, añadir con aerosol “de manejar” ..El resultado es “Pare de Manejar”.

La idea es Buenisima……ahora ACTUA……..NO DUDES EN REALIZAR LA ACCION EN NOMBRE DE enBICIate…..y envíanos una foto si lo logras….enBICIAte

Una persona común, como usted, necesita en promedio solamente 2 dólares diarios para movilizarse en autobús por Medellín. “Solamente” es un adverbio irónico si pensamos que en esta ciudad el 49 % de las personas sobreviven con menos de 2 dólares diarios. Estas personas, catalogadas como pobres, son privilegiadas considerando que el 12 % de las personas de la ciudad viven con mucho menos, es decir, son indigentes. No todo el mundo es pobre en Medellín, a 20 minutos del lugar donde duermen los indigentes, viven personas que reciben 120 dólares diariosen promedio, es decir, 60 veces más de lo que recibe un pobre de la ciudad[1]. ¿Karma o política?

¿Cómo movilizarse por la ciudad si sus ingresos no le permiten pagar el transporte público más barato?, Obviamente, unas veces a pie y otras andando. En una ciudad como Bogotá, un millón de personas en promedio caminan 4 kilómetros diarios por escasez de dinero para el autobús. ¿Cuántas en Medellín? No lo sabemos. A nadie, mucho menos a los gobernantes de turno, le interesa si los pobres de la ciudad están obligados a caminar, volar o nadar, para llegar a su puesto de trabajo cada mañana.

Cada vez más trabajadores en Medellín, con una mochila en la espalada donde llevan el uniforme de su empresa y la cacerola vacía del último almuerzo, se mueven en bicicleta desafiando conductores neuróticos en medio de un tráfico salvaje. En esta ciudad, donde el 50 % de la población es pobre, movilizarse en bicicleta no es un asunto ético o ambiental, es una cuestión de pura supervivencia. Por su costo de adquisición, mantenimiento y operación, la bicicleta es prácticamente el único automóvil accesible a la mayoría de las personas. Este vehículo, usado cada vez más por razones éticas o ambientales en el primer mundo, es una alternativa de autonomía para los pobres del tercer y cuarto mundo.

Teóricamente el 60 % de las personas de Medellín, debido a sus ingresos, están obligados a caminar o moverse en bicicleta por la ciudad. Y entonces ¿Por qué no todos los pobres de la ciudad andan en bicicleta? Podríamos imaginar que los pobres, siendo tan pobres, no tienen para comprar una bicicleta. Pero en Medellín se consiguen bicicletas (robadas, reparadas o viejas) por 5 dólares, lo cual implica que prácticamente todas las personas, incluyendo los pobres, tengan acceso a una.

Entonces, de nuevo, ¿Por qué no todos andan en bicicleta? Simple y llanamente por que no existen las condiciones necesarias para que así lo hagan. No existen suficientes ciclo rutas. Y las que existen, no están conectadas con los barrios pobres o no permiten llegar a los centros de trabajo. Las avenidas principales no cuentan con carriles para las bicicletas. No existen parqueaderos en las fábricas, los edificios públicos, los centros comerciales o los bancos. No hay posibilidades, ni en el metro, ni en el transporte publico, de transportar una bicicleta.

En resumen, en Medellín no existen las condiciones materiales para utilizar la bicicleta como un auto-móvil. Un auto-móvil económico, eficaz y limpio, accesible a la mayoría de los habitantes. Esto al margen de que la mitad de las personas de la ciudad son pobres, y están obligados, desde el punto de vista económico, a usar un vehículo como este.

No decimos que la bicicleta sea un vehicuclo para pobres. Sostenemos que la bicicleta es un vehiculo incluyente, democratico y accesible, tambien para los pobres. Y denunciamos que en Medellin la inversión publica beneficia el uso del automotor, privilegiando a quienes tienen mayores ingresos. Mientras el 50 % de la población necesita aceras, ciclo-rutas, espacios para caminar, la inversión se concentra en puentes y avenidas, para qué la minoría, que puede comprar un carro, no tenga problemas de movilidad. ¿Y los pobres?, que se jodan, que caminen, que se endeuden en el banco y compren una moto, que se defiendan como puedan en sus bicicletas.

Si no me cree, ¡venga! visite usted mismo Medellín. Observe las grandes avenidas que llevan a los barrios de gente rica, mire las facilidades para moverse en carro, note, a eso de las 5:00 p.m., el mar de trabajadores caminando hacia las estaciones de metro, o moviéndose en bicicleta, pregúnteles, si se atreve, porqué no viajan en taxí o en autobús.


[1] Cifras Oficiales de Departamento Nacional de Planeación (DNP)

Para cualquiera que ande en bici en la ciudad de Medellín es evidente que las ciclorutas no están conectadas entre ellas. SIEMPRE terminan sin avisarnos cuando pensamos que van a llevarnos bien lejos…

Te invitamos a que tomes un bote de pintura (blanco o amarillo), a que fabriques un pequeño rodillo (del ancho de las líneas de la cicloruta) y a que pintes tu propia cicloruta sobre las calles de la ciudad.

 

Continúa esas que no te llevan a ninguna parte o que te dejan botado en medio de la nada. Pinta la ruta que te lleva de tu casa al trabajo o de la universidad a casa de tu novia. No dejes de pintar y de crear nuevas rutas… enBICIate!

El ciclista mantiene una peculiar relación con el exterior. Cada vez que damos un paseo en bici sentimos como si dejáramos atrás nuestro pensamiento, entregados al movimiento, reducidos a un ojo que ve las calles, logramos escapar a la obligación de pensar. Y eso, mas que nada, nos trae alegría, un saludable vació interior. El mundo esta afuera de nosotros, a nuestro alrededor, delante de nosotros, y la velocidad del desplazamiento hace imposible fijar la atención en ningún punto. Utilizando la locomoción sin rumbo como técnica de disolución de la identidad, en los mejores días, logramos sentir como lo exterior se cuela dentro de nosotros usurpando la soberanía de la interioridad. Desbordados de cosas externas, ahogados en el afuera. Las excursiones en bici por la ciudad enseñan a entender que el mundo interior no existe. Solo el exterior, el afuera hasta perdernos a nosotros mismos.

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Mientras vagamos sin propósito en nuestra bici, todos los lugares se movilizan, como en una película de cámara lenta, sentimos no estar en ningún lugar. Somos la lente en movimiento, pero en ninguna parte. En los mejores paseos conseguimos no estar en ningún sitio concreto. El movimiento es lo esencial, fluir es todo, el acto de dar un pedalazo detrás de otro, permitirnos seguir el rumbo del propio cuerpo, diluye el acto de pensar en nosotros mismos. La consciencia es remplazada por el movimiento. Literalmente dejamos atrás nuestra consciencia, regada en la pista. No tenemos tiempo para pensar, el movimiento lo ocupa todo y nos arroja a un exterior que todo lo llena. El movimiento desborda al sujeto, incluso si lo supone o mas bien, si debe pasar a través de él.

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El ciclista no es un sujeto que obedece una forma de interioridad, al contrario, es pura exterioridad, deviene ciudad, multiplicidad de calles por fuera de si. Es una partícula en movimiento, pero cuyo interior es el movimiento mismo. Es un enjambre, una masa en pleno fluir, cuyos sentimientos son arrancados de cualquier interioridad, para ser violentamente proyectados en un medio de exterioridad que les comunica una velocidad inimaginable, una fuerza de catapulta. Partir, moverse, desear avanzar, no son nunca sentimientos de un sujeto, son fuerzas “que arrastran”, corrientes en vertimiento para un yo disuelto.

Basados en experiencias concretas, afirmamos que el organismo humano compone una maquina de mayor potencia con la bici. Caramelos en el bolsillo derecho, agua en la barra, audiófonos, luces, maleta en la parrilla, circuitos de suministro, tanques de almacenamiento, dispositivos de registro, cadenas de consumo, conexiones maquinales donde las piernas, la boca, los ojos, son otras piezas de una maquina infernal. El conjunto hombre-bicicleta forma una maquina nómada y guerrea en las condiciones de la ciudad actual. Eso son los ciclistas urbanos de hoy. Nómadas. Por eso en lugar de decir que el ciclista es el que más se mueve por la ciudad, más bien habría que decir que es el que No se mueve. Es el conductor quien abandona la ciudad y se va a vivir a Santa Helena, porque su lugar ha devenido ingrato, caótico, congestionado; por el contrario, el ciclista urbano es aquel que no se va, que no quiere irse, que se aferra a este espacio que el mismo crea, en el cual el tráfico se hace imposible, inventando el nomadismo en bicicleta como respuesta a ese desafió.

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Por eso el transporte en bicicleta nos parece un modelo infinitamente superior al desplazamiento en carro. Por lo menos, trae consigo un poco mas de aire fresco, de relación con el exterior. Preguntémonos que piensa un conducto recostado en su asiento mientras maneja su vehículo: papa-mama-esposa-jefe. La neurosis de base constante. El resentimiento con el que se mueve más deprisa. Y que piensa por el contrario un ciclista mientras se desplaza: simplemente no piensa, se mueve, literalmente pierde su voz interior. Es como si la cadena significante de su conciencia fuera remplazada por la cadena de transmisión de su bici. Es como si el sentido de su pensamiento se confundiera con el de su movimiento. No hay palabras internas, puros jadeos, silbidos, expulsiones de aire. El paseo en bici, en lugar de situarnos frente a nosotros mismos, o lo que es peor, frente a otro conductor energúmeno, nos pone bajo el sol, la lluvia, con otros dioses o sin dios, sin familia, con la naturaleza. Hacemos de la luz nuestro motor produciendo un regocijo incomparable.

 

Vagabundear. Mas que ninguna otra cosa, rodar en nuestra bici por la ciudad. Casi todos los días, con lluvia o con sol, con frió o con calor, salir y vagar por la ciudad, sin dirigirnos a ningún lugar concreto, simplemente a donde nos lleven las ruedas. Sin duda que nuestros paseos tiene un territorio, sigue trayectos habituales, van de un punto a otro. No ignoramos los puntos (tienda, parque, cine). Pero lo importante para el ciclista nómada es la subordinación del punto al trayecto. El punto-tienda solo existe para ser abandonado, y todo punto es una etapa y solo existe como tal. Un trayecto siempre esta entre dos puntos, y es precisamente ese entre-dos lo fundamental para el ciclista. Y por más que siga rutas o caminos, lo que busca es recorrer un espacio liso, comunicante en todos los sentidos, marcado por “desvíos” que se borran o se desplazan con el trayecto.

Recorremos la ciudad como una banda. Como una manada no organizada. Enjambre anárquico de puntos en movimiento, somos una muchedumbre y no una familia. Somos una multitud de avispas silenciosas y en movimiento. Aunque sea común ver a los ciclistas en grupo, su desplazamiento mismo crea la imposibilidad de pensar un conjunto organizado, la variación constante de las posiciones, los ritmos cambiantes, dan la impresión de una mancha de aceite mas que de un grupo estructurado. Cada elemento no cesa de variar y de modificar su distancia con respecto a los demás. No somos un equipo. Somos una nube que recorre un espacio fibroso de infinitas calles. El ciclista urbano crea y ocupa un espacio sin fronteras ni cierre. Acostumbrados a vagar en un espacio inagotable, un laberinto de calles interminables, recorremos la ciudad-rizoma inventando rutas, conectando parques, aceras, pasadizos.

Actualmente se producen más Bicicletas que Carros en el Mundo. ¿Por qué? Resulta fácil la respuesta. Los automotores son costosos, contaminantes, peligrosos, ruidosos, la gasolina no deja de subir, cada vez existen más problemas de aparcamiento y la movilidad en las grandes ciudades. En resumen, los automoteres se encuentran puestos en cuestion como medio de transporte individual.

Aunque no en todas partes, en China, donde el capitalismo mundial encuentra unas condiciones ideales de explotación, es decir, una elite inclemente y una enorme masa obrera, las bicicletas tienden a ser emplazadas por automotores. El enriquecimiento inesperado de los antiguos funcionarios comunistas disparó el consumo de automotores. En Beijing, el porcentaje de viajes hechos en bici cayo en un 20% desde los años 90´s, y en Shangai, se planea impedir el ingreso de las bicicletas al centro para el 2010.

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Todo lo contrario ocurre en economías donde la riqueza parece mejor distribuida. En países como Holanda, Dinamarca, el Reino Unido, la bicicleta es el transporte de mayor crecimiento actualmente. En Copenhagen, más de un tercio de toda la población se mueve en bicicleta. En Ámsterdam, el 60% de todos los viajes al centro de la ciudad se hacen en bicicleta y la mitad de la población usa la bicicleta por lo menos una vez al día. En el centro de Londres, actualmente 2 millones de personas llegan en bici, 7 millones en bus y 10 millones en carro.

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Y ¿quienes viajan en bicicleta?, eso depende del lugar. En países como India o Ghana, la bicicleta es utilizada por mujeres, estudiantes y empleados, para acceder a las posibilidades de mercado y educación de los centros poblados. En el tercer mundo, por su costo de adquisición y mantenimiento, la bicicleta es prácticamente el único vehículo al alcance de la población asalariada. Mensajeros, estudiantes, desempleados y obreros. No así en ciudades Europeas como Londres, donde las bicis son usadas por los ejecutivos argumentando que “las calles están congestionadas para manejar coche” (23%), es “más saludable” (19%) o “el transporte público es lento” (11%).

 

Mientras en Europa son los jóvenes de clase media quienes prefieren usar las bicis, en el tercer mundo son los pobres quienes las necesitan, puesto que la clase media sueña con adquirir un automotor. En las economías emergentes del tercer mundo, donde la bicicleta es el transporte de los obreros y su uso permanece asociado a la idea de atraso y pobreza, los gobiernos privilegian la movilidad del automotor. En consecuencia, la inversión pública se concentra en las grandes obras de infraestructura vial, favoreciendo a quienes reciben mayores ingresos y en detrimento de los grandes núcleos de población. Este hecho genera el aumento del tráfico motorizado, copando la mayor parte del espacio común, ahuyentando a los transeúntes de las áreas públicas, reduciendo los espacios de recreación e interacción, afectando negativamente la dinámica urbana.

 

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Sea por necesidad o comodidad, la intensidad en el uso de bicicletas urbanas depende de un factor concreto y determinante. Este factor es simple y llanamente la implementación de políticas que promuevan y posibiliten el uso de la bicicleta. Un análisis de la proporción de viajes hechos en bicicleta en 60 ciudades alemanas, muestra una relación estrecha entre las políticas de movilidad y el uso de la bicicleta. El estudio sugiere que el uso de la bicicleta, en una localidad cualquiera, es completamente dependiente de las condiciones que favorecen este uso. En ciudades donde existen ciclorutas, carriles para bicicletas, parqueaderos, conexiones para transportar la bicicleta en otros medios, respeto por el ciclista, la mayoría de las personas prefieren usar una bicicleta para viajes menores de 5 Km.

 

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La inversion en movilidad alternativa en el mundo actual es impresionante. La alcaldía de Londres, por ejemplo, invierte hoy cerca de 240 millones de Euros para incrementar el uso de la bicicleta en un 80 % en los próximos cinco años. Esto incluye la construcción de una red de ciclorutas que alcanza 900 Km. actualmente y esta planeada para expandirse sobre 3000 Km. En Copenhague, la alcaldía provee cerca de 3000 bicicletas de uso libre para los ciudadanos, y planea aumentar los impuestos de parqueadero, registro de nuevos vehículos y consumo de gasolina, en un 3% anual durante 15 años con el objetivo de invertir en movilidad alternativa.

 

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Las políticas que promueven el uso de las bicicletas no son exclusivas de los países ricos. En Lima, Perú, se acaba de construir un corredor de 6 Km. que atraviesa la ciudad y se planean construir una red de 270 Km. en los próximos cuatro años. En Bogota, Colombia, se ha construido una red de ciclorutas de con 340 Km. que moviliza 352.000 ciudadanos diarios. Con una inversión de 85 millones de dólares, el distrito logro incrementar los viajes realizados en bicicleta de 0.58 % en 1995 a 5 % en el 2005. También en Buenos Aires, Argentina, se viene desarrollando una estrategia para la intensificación progresiva del uso de la bicicleta. La red actual cuenta con 53 Km. de carriles exclusivos para bicis y 19 Km. de carriles preferenciales, esta red se pretenden ampliar a 164 Km. exclusivos y 132 preferenciales. El objetivo es alcanzar el 5% de los viajes diarios en bicicleta para el 2008.

 

La diferencia entre las iniciativas para incrementar el uso de la bicicleta en los países de Europa y los proyectos Latinoaméricanos parece ser solo una. Mientras en el primer mundo las iniciativas parten de las administraciones locales, en el tercer mundo todo depende de la presión de la sociedad civil. Es la presión constante de organizaciones civiles - con todo tipo de instrumentos, graffiti, información alternativa, acciones populares, manifestaciones como la masa critica de España, vandalismo incluso – la unica forma de hacer visible el problema de la movilidad. En la Europa pobre, (Cracovia, Budapest, etc.), o en ciudades tan disímiles como Bangkok, Tamale (Ghana), Tanzania, Marabina (Manila/Filipinas), Lima (Perú), Gdansk (Polonia), Yakarta (Indonesia), Santiago de Chile, Buenos aires, y esperamos, algún día Medellín, Colombia, las organizaciones civiles manifiestan y revindican el derecho a moverse en bicicleta libremente. exigiendo ciclorutas, carriles preferencailes, parqueaderos para bicicletas, conexiones con medios de transporte masivo.

 

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En nuestra ciudad, Medellín, Colombia, donde existe un proyecto de movilidad en bicicleta planeado para el 2020, como si los ciclistas del 2008 no existiéran. La única manera de incidir en la política publica es haciendo presión social. Imaginando nuevos medios de hacer visible el problema de movilidad. Apoyando las iniciativas pro-bicicletas. Inventando nuevas maneras de resistencia. Movilizando el deseo de los demás. Manchando la ciudad con nuestras consignas. Escribiendo cartas a la administracion publica, los centros comerciales, las bibliotecas, las unidades residenciales. Exigiendo ciclo rutas, parqueaderos, condiciones para los ciclistas. Y sobre todo, montando en bicicleta. Montando todo el tiempo. No parando de rodar. Que nos vean en las calles. Que sea imposible no darse cuenta. Que cada día seamos más. Que no sepan de donde salimos tantos, ni como nos reproducimos, pero si lo ue queremos. Gritando ¡necesitamos ciclorutas Ya!

 

 

Ex-gerente de Empresas Publicas de Medellin, Ex-Alcalde (no por voto popular), Ex-Ministro de Energia, Ex-director de grandes empresas colombianas como Ecopetrol, Isagen. Relacionado estrechamente con el poder paramilitar. Este poderoso y peligroso hombre, Ramiro Valencia Cossio, de los Cossio que siempre han vivido en la riqueza gracias a la pobreza de miles de personas en Medellin, es unos de los PRINCIPALES enimigos de las ciclorutas en la ciudad, Colombia.

Cossio cree que la cicloruta es “una posibilidad irreal en una ciudad como la nuestra“. Irreal cuando ya existe y esta funcionando. Irreal cuando nos permite el desplazamiento diario. irreal cuando lo que se necesita es ampliarla.

Irreal es el pais donde el señor Valencia vive, un país donde el poder y la riqueza se acumula en pocas familias. Un país donde los que no tienen o no quieren tener automotores son desconocidos.

Pregunta Ramirito que “¿Cuál el público objetivo y cuáles las posibilidades y frecuencia de uso?”. Pues el público efectivo no son sus hijos, ni las novias de sus hijos, ni su bendita madre, ni él mismo, que jamás han montado en bicicleta, a juzgar por su inmensa barriga y su papada. O tal vez si, haciendo spinning en alguna de sus lujosas propiedades. Estos peces gordos jamás bajan de sus carros y conocen el centro de Medellín solo en la Televisión.

El público objetivo de las ciclorutas son todos aquellos que trabajan, se divierten y se mueven SIN CARRO TODOS LOS DIAS, es decir, aquellos que jamás se sientan a comer con la familia Cossio en su mesa. Seguramente el que lleva el periódico, el que limpia su casa, el que vende drogas a sus hijos, se mueve en bicicleta. No se trata de ecologistas haciendo poses de salvar el planeta. Quienes ruedan por la calles de Medellín en bicicleta somos trabajadores, jóvenes, viejos, desempleados, estudiantes, deportistas, y toda clase de personas que por necesidad o voluntad propia vivimos sin pagar gasolina. Y tal vez por eso, porque no consumimos petróleo, no pagamos impuestos automotores, no necesitamos grandes parqueaderos ni grandes obras, SOMOS IRREALES PARA ESTE PEZ GORDO.

Y QUE PODEMOS NOSOTROS, SERES IRREALES CONTRA ESTOS POLITICOS Y EMPRESARIOS TAN REALES. ……MUCHO Y POCO….Te invitamos a manchar sus casas, sus carros, sus fincas. Utiliza los Stencil de nuestra galeria completamentes gratis.